Desde hace unos diez años, las roadsters deportivas se han convertido en superventas; con la moda de las motos deportivas en declive, hay mucha competencia entre los fabricantes para dar con una máquina de referencia. Pues bien, si estabas buscando la streetfighter definitiva, ¡ya la has encontrado!
«Hasta ahora nunca había pensado en venderlas, pero tengo que reconocer que KTM está comercializando modelos de éxito, así que me da que pensar». Así se expresaba un concesionario amigo nuestro, especializado en motos Nippon, prueba de que el fabricante austriaco se ha consolidado como un actor relevante en el microcosmos de la carretera. Después de las versiones 990R, aquí está la Superduke R armada con 1290cc y 180cv para mover sus 185kg de peso en seco. «La Bestia», como la llaman los austriacos, merece su nombre, está llena de superlativos y deja poco que decir a la competencia: S1000R, Tuono V4, Monster 1200 o Z1000 a la cabeza…
Una prueba siempre empieza con un examen estático, y la nueva KTM no tiene problemas para enfrentarse al guante porque el acabado y el equipamiento están ahí. Y además, tiene ese aspecto que hace que un avión de combate parezca soso… En resumen, la Superduke R te dejará boquiabierto desde el primer vistazo. A primera vista, no hay ningún defecto que encontrar; el único inconveniente, en nuestra opinión, es el silenciador del escape, que es un poco voluminoso y lucha por encajar con el resto de la moto. Además, incluso su sonido más bien metálico nos dejará con ganas de más. Pero las suspensiones White Power y los frenos radiales Brembo hasta la maneta lo compensan con creces. Lo mismo ocurre con el rico equipamiento electrónico, en gran parte importado de la trail Adventure: ABS, cartografía y control de tracción funcionan de forma inteligente y son más discretos que en la touring, lo cual es de sabios en una moto de carretera. No olvidemos -y tendremos tiempo de sobra para probarlo durante nuestra prueba- que el control de tracción de KTM también actúa como un juicioso dispositivo antirrebote porque, con semejante potencia, la Superduke es susceptible de encabritarse en todas las marchas ¡sin siquiera usar el embrague!
La completísima instrumentación también procede de la Adventure; destaca tanto por la exhaustividad de la información proporcionada (está todo, realmente todo…) como por la facilidad de uso de los menús de su ordenador de a bordo que, además, tiene el buen gusto de controlarse íntegramente desde el commodo izquierdo. No obstante, es lamentable que este último no esté iluminado cuando se maneja de noche. ¿Qué hay de malo en ello? No es una fantasía, ¡ya que los interruptores de la RC 125 están bien iluminados!
Cuando te subes al sillín, te sorprende encontrar una posición de conducción natural e incluso relajada: sin presión en las muñecas, manillar bastante estrecho, depósito delgado para una mayor movilidad y piernas bien extendidas. El asiento es firme, pero no demasiado, y puedes rodar por el depósito sin ninguna molestia. Lo mismo ocurre con tu pasajero, que, a pesar de estar elevado y, por tanto, sujeto a las turbulencias, se siente bien en esta máquina radical. Entonces, ¿es posible viajar en una Superduke R? Creemos que sí porque, como veremos, La Bestia está domesticada y también porque ofrece un verdadero confort de suspensión, excepto en carreteras realmente duras -las belgas, se entiende-, donde los hidráulicos de rebote la hacen rebotar demasiado, recordándonos a la RC8 de primera generación. Los austriacos han dotado a la 1290 R de una bolsa blanda como la de la SMT. Si necesitas llegar lejos, la Superduke también sabe ser sobria; en autopista, respetando los límites de velocidad, obtuvimos una media de 4,5L/100km, suficiente para llegar lejos con los 18 litros que contiene el depósito.
Dicho esto, ni que decir tiene que duplicarás este consumo (8,8L/100km fue nuestro máximo) si eliges el modo Ready to Race querido por el fabricante. Y hablando de autopistas, dos observaciones de pasada: en primer lugar, el R es un auténtico rompe-crimen porque es prácticamente imposible atenerse a los límites legales si se quiere utilizar la sexta velocidad; de hecho, entonces se cruza en medio de las revoluciones generando fuertes vibraciones que resultan rápidamente molestas y que además minan el trabajo de los retrovisores. Así que, o conduces en 5° o subes a 150 km/h… Luego, en tramos de carretera sin iluminar y en carreteras comarcales, comprobamos que la KTM ofrece una iluminación impecable y una señal clara de los faros para los conductores, lo que es importante en términos de seguridad.
Como ya hemos comentado, el sonido no es el punto fuerte de la Superduke R, con un escape que sólo encanta al oído cuando cortas gas y una admisión más bien discreta (¿cómo es eso posible cuando pilotas semejante catedral mecánica?). Las transmisiones, a primera vista, parecen perfectas porque funcionan con suavidad y el cambio es preciso… siempre que no busques el punto muerto, que a veces falta cuando te detienes en un semáforo en rojo. En cuanto a la instrumentación, encontrarás tanto lo necesario como lo superfluo y apreciarás la precisión general; mencionemos la bien pensada indicación de la temperatura exterior, ya que apenas se ve perturbada por los humos del motor. Esto será útil en invierno, cuando amenacen las heladas… En cambio, el cuentakilómetros al final de la reserva es muy aleatorio; una pena. ¿Quieres y deseas una moto de ocasión a un precio increíble? No lo dudes… encuéntrala en moto segunda mano Crestanevada.